sábado, 16 de marzo de 2013

He decidido...


He decidido que no quiero un esposo.

Quiero un amigo que me acompañe el resto de mi vida.

Un matrimonio se arruina, porque el hombre no busca una amiga, una mujer, una compañera. Busca una madre para sus hijos, y una madre para él mismo. Una mujer que lo acicale, lave sus ropas, cocine su comida, y algunas veces, hasta lo críe como a un niño: le diga qué es bueno y qué es malo.

Tu no te acuestas con tu madre.
Y he ahí la excusa de muchos de buscar otras mujeres.

No quiero ser una madre.

Y un matrimonio también se arruina, porque la mujer no busca un amigo, un hombre, un compañero. Busca quien la proteja, la mantenga y viva su vida por ella.
Y si obtiene todo eso, asume que su marido es un patético ser, y se siente incompleta.
Porque no logró nada por sí misma.

Y si no lo obtiene, se siente infeliz, porque su cuento de hadas se ha destruido, porque se ha dado cuenta que el otro no podrá hacer el papel de príncipe en su vida, y por tanto, ella no podrá ser una princesa.
Ella ha vivido la vida de otro, y no la suya propia.

Quiero vivir mi propia vida.

¿Por qué en un matrimonio debe existir un mejor amigo, o una mejor amiga?
¿Por qué un esposo no puede ser el mejor amigo de su esposa, y viceversa?

Tal vez, porque todos tenemos miedo de revelarlo todo a una sola persona. Se cree que el mejor amigo es aquel quien te conoce mejor que, incluso, tu propia familia. Es aquel ante quien te presentas tal como eres.
¿Por qué se deben ocultar cosas de uno mismo al otro, a aquella persona con quien vas a estar el resto de tu vida bajo el mismo techo? Creo que es mucho más fácil si entras sin máscaras a tu propia casa y, sin miedos o secretos, duermes en tu propia cama, al lado de esa persona.

No quiero un esposo: quiero un amigo... mi mejor amigo.
Y no quiero ser una esposa, ni una madre... quiero ser su mejor amiga.

No hay comentarios:

Publicar un comentario