domingo, 23 de septiembre de 2012

Charla con Radha.


Había una copa de whisky en frente mío. El hielo se había derretido hacia ya un rato.
La lluvia caia afuera. Y caía también sobre mis mejillas.
Ella solo reía al compás de la melodía que esa noche tocaban en el bar. Y se divertía cuando me escuchaba hablar. Radha siempre se divierte a costa mía.
Y recuerdo que le decía, después de una perorata aburrida acerca de la vida y la muerte, lo siguiente:

Ame una vez a alguien que jamas seria mio.
Ame una vez a alguien que pudo ser mi alma gemela, pero yo no era la suya. Solo era su amiga.
Ame a alguien solo porque no queria estar sola.
Ame a alguien que solo amaba el recuerdo perdido.
 No quiero volver a amar.

Ella respondió:

-¿Estas segura?

Y yo, en el embrujo del licor, y la nube de incienso que flotaba en el aire, le dije:

-Entonces no quiero tener corazón.

Radha sonrió. Y volvió a preguntar:

-¿Estas segura?

Por un momento hubo un brillo inusual en mis ojos. El brillo momentáneo que solo concede la ira pasajera que te atasca en el pasado.

-Entonces concédeme el ser correspondida.

Radha ya no ocultaba la diversión que le provocaba la charla.

-¿Estas segura?

Después de un largo suspiro, y un largo sorbo del líquido, solo atiné a responder:

-De lo único que estoy segura es de la muerte.

-Pero no se te será concedida, insensata- y Radha volvió a reir, con esa risa que solo puede provocar que te sientas una necia.

Y descubrí a través del ambar, la verdad de todo aquello.

-Lo se. Me has concedido el sufrimiento eterno de un amor que no muere.


lunes, 10 de septiembre de 2012

Dificultad.


Si alguien ha de describir un elogio a la dificultad, que sea a la dificultad de poder enfrentarse consigo mismo.
La dificultad de controlar ese espíritu indómito que lucha por salir del frágil cascarón que es la carne y la sangre, la tentación y el deseo.
La dificultad de saberse débil, de saberse solo.
Cuando el espejo de tus actos refleje tus ojos, sabrás en ese momento si eres digno de seguir adelante.
El domarte a ti mismo implica conocer debilidades, reabrir heridas, enfrentar defectos.
Pero también implica tener sabiduría para sacar fuerza de flaqueza, paciencia para esperar que cure la herida, valentía para mirar a los ojos cada una de tus fallas.
Sabrás que al momento de domar la fiera enjaulada, controlarás tus instintos, te valdrás por tí mismo, y nadie podrá nunca mas tomar prisionero aquello que no debe ser encarcelado nunca: tu mente, tu criterio, tu imaginación.