martes, 1 de julio de 2014

Bitter coffee.

Ya que no hay solución alguna,
pondré toda mi furia en una taza de café
y la beberé tan lento,
que la hiel de la ira será más dulce
que el sabor de mis lágrimas.

Y mañana olvidaré que este día llegó por fin.
Y olvidaré que mi roto corazón llegó al límite de sus fuerzas.

Me resta esperar el amanecer,
aquel amanecer al que he tenido más miedo.
Aquel amanecer en el que me daré cuenta
que he encontrado algo que no estaba buscando,
que he perdido algo que nunca fue mío,
que he amado algo que no necesitaba serlo.

Ya que no hay solución alguna,
dejaré que el tiempo deposite polvo
sobre las ruinas de mi alma.
Y en el instante en que descubra
lo que se esconde debajo de los destrozos,
encontraré el capullo de rosa
que olvidé cuando la imagen
en el espejo se hizo irreconocible.

Y volveré mis pasos por el camino
que recorrí en una tarde de lluvia,
la misma tarde en que dije adiós.
Volveré mis pasos por el camino,
para tomar el impulso necesario,
y volar lejos de ahi,
hacia el olvido,
hacia la esperanza.

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